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El enigma de Mente Enferma: casi nueve años sin respuesta y un caso que nunca debió cerrarse

Por Margarita Hencke  |  Publicado el Sábado 21 de marzo de 2026  |  El Cordillerano

Sebastián Álvarez Bernales fue el primer influencer masivo de Chile. El 28 de septiembre de 2017 salió caminando hacia el bosque de Curiñanco y nadie supo más de él. Su ex pareja murió. La justicia quiso archivar la causa. Pero el misterio sigue abierto.


Hay casos que duelen dos veces. La primera, cuando ocurren. La segunda, cuando el sistema amenaza con olvidarlos.

El caso de Sebastián Álvarez Bernales, conocido en internet como Mente Enferma o ssiiaabb, es uno de esos. Desapareció el 28 de septiembre de 2017 en Curiñanco, una localidad costera al norte de Valdivia. Han pasado casi nueve años. No hay cuerpo, no hay teléfono, no hay mochila, no hay ropa. Solo preguntas.


El ídolo emo que Chile no recuerda bien

Antes de que existiera Instagram o TikTok, Fotolog era la red social. Y en Fotolog, Mente Enferma era una estrella.

Sebastián Álvarez nació el 26 de julio en Quilpué, Región de Valparaíso. En su adolescencia adoptó la estética emo: cabello negro, maquillaje, lentes de contacto rojos o blancos. Abrió una cuenta de Fotolog y comenzó a compartir fotos acompañadas de textos sobre soledad, sufrimiento y su homosexualidad. La cuenta se convirtió en una de las más visitadas del mundo en la plataforma.

En 2006 lanzó su único disco, Personalidad Limítrofe, que recogía los mismos temas de sus posts: el dolor, la identidad, el amor imposible. Dio conciertos en varias ciudades, apareció en programas de televisión. Era, sin duda, el primer macro-influencer que tuvo Chile.

Pero esa figura tuvo un reverso oscuro. En redes como Twitter y Facebook, Sebastián desarrolló una faceta polémica: criticaba sin filtro a personas con sobrepeso, discapacitadas y migrantes. En 2011 se descubrió que compartía fotos de mujeres con sobrepeso sin su consentimiento para burlarse de ellas. El Sernam se querelló en su contra. Su figura se fue volviendo más divisiva, más incómoda. La fama de antes se fue transformando en morbo.


Curiñanco: el final del camino

En 2016, Sebastián conoció en Viña del Mar a Michael Rowe, un ex marine de los Estados Unidos, 17 años mayor que él. Se enamoraron. En 2017 decidieron irse a vivir juntos a Curiñanco, un pequeño pueblo costero al norte de Valdivia, rodeado de bosques y mar. Sebastián lo describió en sus redes como amor a primera vista: “Nunca imaginé que me enamoraría perdidamente de ese rincón, al final del camino”.

Pero la vida en la cabaña no era idílica. Rowe tenía problemas con el alcohol. Las peleas eran frecuentes. Según la amiga de Sebastián, Fabiola, él le contaba que estaba “chato” de las discusiones y del comportamiento de su pareja.

El 27 de septiembre de 2017, Fabiola vio a Sebastián por última vez. Le dijo que estaba harto.

Al día siguiente, el 28 de septiembre, Sebastián le envió mensajes por WhatsApp a su hermana María José y a su amiga Fabiola. Los mensajes decían que ya no quería vivir.

Luego salió de la cabaña hacia el bosque. Con su perra Violet.

No volvió.


La versión de Rowe y las dudas de la familia

Cuando la hermana de Sebastián, alarmada por los mensajes, intentó comunicarse con Michael Rowe, este tardó varios días en responder. Su respuesta fue escueta: la perra había vuelto. Sebastián no.

Rowe esperó casi una semana antes de poner la denuncia en la PDI por “presunta desgracia” — y solo lo hizo tras la insistencia de la familia.

Desde un inicio, la familia desconfió del ex marine. “La nula preocupación que mostró” fue la frase que repitieron una y otra vez. Una persona que ama a alguien no espera una semana para denunciar su desaparición.

La versión oficial de Rowe fue que Sebastián le había dicho que se suicidaría y que se fue solo al bosque. Ante Meganoticias declaró ser inocente de cualquier crimen.

Pero entonces apareció algo que cambió el tono de la investigación.


El mensaje que lo dice todo

En la plataforma Minds, una red social para ganar criptomonedas, circuló un mensaje atribuido a Michael Rowe. Decía:

“¿Qué haces si tu novio se quiere suicidar? Si es joven, obviamente tratas de detenerlo y conseguir ayuda. Si tiene 31 años, se hace llamar Mente Enferma y ha ido al psiquiatra y psicólogo toda su vida… Le dije ‘solo hazlo’. El océano está justo afuera de la puerta principal.”

Si el mensaje es auténtico — y los investigadores no han podido descartarlo —, Michael Rowe no solo sabía que Sebastián quería morir. Lo alentó.

En 2019 apareció otra pista extraña: una cuenta de SoundCloud bajo el apodo @ssiiaabb — el mismo que usaba Sebastián — publicó un audio en código morse con referencias a Fabiola Orsic, una figura esotérica del Tercer Reich a la que Sebastián había comenzado a mencionar obsesivamente en sus publicaciones antes de desaparecer.

Nadie sabe quién subió ese audio.


La PDI, el cierre amenazado y la muerte de Rowe

A pesar de las pistas, la PDI nunca pudo confirmar ni descartar ninguna hipótesis. No hay cuerpo. No hay evidencia física. La investigación avanzó con cuentagotas.

En marzo de 2024, el Juzgado de Garantía de Valdivia citó a audiencia para discutir el “término y archivo” de la causa, argumentando que hacía dos años que no había movimientos en la carpeta del caso.

La Fiscalía Local de Valdivia se opuso. Afirmó tener “antecedentes suficientes” y nuevas pruebas para continuar con las diligencias.

Y entonces llegó otro giro: Michael Rowe murió de cáncer.

Con la muerte del principal sospechoso y único testigo directo de los últimas horas de Sebastián, la investigación perdió su eje central. La posibilidad de un juicio, si alguna vez existió, se cerró definitivamente.


¿Qué pasó realmente?

Nadie lo sabe con certeza. Las hipótesis siguen siendo las mismas desde 2017:

Suicidio. Sebastián tenía diagnóstico de trastorno límite de personalidad (borderline), historial de ideación suicida y envió mensajes despidiéndose antes de desaparecer. El bosque de Curiñanco es denso y extenso; un cuerpo puede desaparecer en él.

Homicidio. El mensaje de Rowe en Minds, su demora en denunciar y la actitud fría ante la desaparición generan sospechas razonables de que algo más ocurrió en esa cabaña. Pero Rowe murió sin ser formalizado ni detenido.

Algo intermedio. Que Rowe lo dejara irse sabiendo que moriría — o que lo alentara activamente — podría no configurar homicidio en términos jurídicos, pero sí una responsabilidad moral y quizás penal que nunca fue juzgada.


El legado incómodo

Sebastián Álvarez fue una figura contradictoria: un joven que encontró comunidad en internet hablando de soledad y dolor, que luego usó ese mismo micrófono para hacer daño. Su historia no cabe en una sola narrativa.

Pero independiente de sus errores, desapareció en circunstancias que el Estado chileno nunca aclaró. Hay mensajes que apuntan a una persona que lo empujó al límite. Hay pistas que quedaron sin investigar. Hay una familia que sigue sin respuestas.

Nueve años después, el bosque de Curiñanco guarda el secreto.


*Fuentes: La Cuarta, Página 7, BioBioChile, La Tercera, The Clinic Investigación: Margarita, El Cordillerano 21 de marzo de 2026*

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