El ministro que regula los combustibles tuvo una empresa del rubro con $100M en contratos del Estado

Por Margarita Hencke  |  Publicado el Viernes 3 de abril de 2026  |  El Vigilante  ·  3 min de lectura
El ministro que regula los combustibles tuvo una empresa del rubro con $100M en contratos del Estado

Claudio Alvarado llegó al Ministerio del Interior con una trayectoria política extensa, pero también con un flanco abierto: hasta febrero de este año administró una empresa del rubro combustibles que registra contratos con organismos públicos y una relación comercial sostenida con entidades de Chiloé.

La sociedad en cuestión es Sociedad de Inversiones El Alba Ltda., firma vinculada a la venta de combustibles, gas licuado y accesorios para vehículos, con domicilio en Quellón. Reportes públicos y registros de Mercado Público la muestran como proveedora del Estado con actividad reciente en convenios de suministro de combustible y lubricantes.

La controversia estalló en medio del debate por el alza de las bencinas, cuando parlamentarios cuestionaron a Alvarado por un eventual conflicto de interés. El propio ministro respondió que tiene el “legítimo derecho” a desarrollar actividades comerciales, sostuvo que se trata de un negocio familiar activo desde la década del 80 y afirmó que dejó la administración de la sociedad en febrero de 2026, antes de asumir sus funciones en el Gobierno.

Una empresa activa y con huella pública reciente

El punto no es solo que Alvarado haya tenido una empresa del rubro. El punto es que esa sociedad no aparece como un vehículo antiguo o inactivo, sino como una firma con presencia reciente en el circuito estatal.

Revisiones de Mercado Público sostienen que Inversiones El Alba recibió $100,6 millones desde organismos públicos entre 2013 y 2024, principalmente en Chiloé y con fuerte presencia en Quellón. A eso se sumarían $35,7 millones en bonificaciones de empleadores asociadas a incentivos de contratación en zonas extremas.

Además, la empresa aparece con continuidad en convenios de suministro de combustibles y lubricantes con la Municipalidad de Quellón en una secuencia que se extiende, al menos, entre 2021 y 2024.

Ese dato es clave: no se trata solo de una participación patrimonial remota, sino de una empresa del mismo rubro que seguía operando y contratando con el Estado hasta fechas muy cercanas al arribo de Alvarado al gabinete.

El punto político del caso

Hasta ahora no hay antecedentes públicos suficientes para afirmar que existió delito o que los contratos obtenidos por la empresa hayan sido irregulares por sí mismos. Pero eso no agota el problema.

La pregunta central es otra: ¿puede dirigir Interior y participar del debate político sobre combustibles alguien que hasta hace semanas administraba una empresa del mismo negocio y que además mantiene contratos con organismos públicos?

Ese es el corazón del conflicto de interés que hoy rodea al ministro. Más aún porque la discusión estalló en medio de una crisis por el precio de los combustibles, donde el Gobierno debió enfrentar presión social y parlamentaria por las medidas de mitigación frente al alza.

Lo que todavía falta esclarecer

Aunque la historia tiene base suficiente para abrir un debate político y ético, quedan piezas relevantes por despejar.

La principal es el documento exacto que acredita la salida de Alvarado de la administración de la empresa, así como su declaración de patrimonio e intereses actualizada y completa. También sigue bajo revisión un episodio reportado en el Hospital de Quellón, que el propio recinto dijo investigar internamente, pero que no cuenta con el respaldo documental público suficiente para ser tratado como hecho cerrado.

La zona gris

El caso de Alvarado no es, por ahora, una historia cerrada de corrupción. Es algo distinto y quizás más incómodo: una zona gris donde se cruzan negocio privado, contratos públicos, poder político y decisiones sobre un mercado especialmente sensible para la vida cotidiana de las personas.

Y en política, a veces eso basta para convertir una defensa formalmente legal en un problema públicamente difícil de sostener.


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