La muerte de un anestesista destapó en Argentina una trama de drogas hospitalarias, propofol y fiestas privadas

Por Marisol Hencke  |  Publicado el Miércoles 1 de abril de 2026  |  El Vigilante  ·  3 min de lectura
La muerte de un anestesista destapó en Argentina una trama de drogas hospitalarias, propofol y fiestas privadas

La muerte del anestesiólogo Alejandro Zalazar, de 29 años, abrió en Argentina una investigación que ya dejó a dos médicos imputados, expuso un presunto desvío de anestésicos desde el Hospital Italiano de Buenos Aires y puso bajo la lupa un circuito de fiestas privadas donde habrían circulado propofol y fentanilo fuera de todo contexto clínico.

Lo que comenzó como una muerte por aparente sobredosis terminó convirtiéndose en un escándalo sanitario, judicial y ético. La Justicia investiga si medicamentos de uso hospitalario restringido fueron sustraídos para ser consumidos en reuniones clandestinas, mientras el caso arrastró al centro de la escena a Delfina “Fini” Lanusse y al anestesiólogo Hernán Boveri.

La muerte que hizo explotar el caso

El punto de quiebre fue la muerte de Zalazar, hallado sin vida en su departamento de Palermo el 20 de febrero de 2026. El cuadro era compatible con una sobredosis de propofol y fentanilo, dos sustancias usadas en procedimientos médicos bajo estricta supervisión.

A partir de ese episodio, los investigadores siguieron el rastro de los fármacos encontrados en el departamento y la pesquisa apuntó al Hospital Italiano de Buenos Aires, que presentó una denuncia por faltante de anestésicos.

Ese salto cambió por completo la escala del caso. Ya no se trataba solo de la muerte de un médico joven, sino de una posible salida irregular de drogas hospitalarias desde una institución de alta complejidad hacia circuitos privados.

Qué se investiga

La causa está en manos del fiscal Lucio Herrera y del juez de instrucción Javier Sánchez Sarmiento. La hipótesis apunta a una administración fraudulenta de medicamentos: propofol y fentanilo que habrían abandonado el hospital para ser usados en fiestas privadas o “viajes controlados”.

Los investigadores intentan establecer cómo salían los anestésicos, quiénes tenían acceso a ellos, si hubo un circuito sistemático de retiro y si esos fármacos terminaban en reuniones conocidas mediáticamente como “Propo Fest”.

El foco no está en un narcotráfico tradicional, sino en el presunto desvío de medicamentos extremadamente sensibles cuya circulación fuera del ámbito hospitalario puede tener consecuencias letales.

Las “Propo Fest”

Con el avance del caso, la prensa argentina describió un circuito de reuniones clandestinas donde habrían circulado anestésicos con fines recreativos. El nombre “Propo Fest” condensó esa hipótesis.

En algunas versiones se habla de “viajes controlados”: experiencias privadas en las que una persona pagaba para ser sedada bajo supervisión de alguien con entrenamiento médico. En otras, se menciona el consumo en fiestas reducidas o encuentros íntimos.

Lo que sí aparece asentado es que la Justicia investiga la posible utilización extrahospitalaria de esas drogas. El tamaño, la frecuencia y el funcionamiento exacto del circuito siguen bajo investigación.

Los imputados

Delfina "Fini" Lanusse junto a una amiga, foto difundida en redes sociales durante la cobertura del caso Delfina “Fini” Lanusse (izquierda), imputada en la causa. Foto: Redes sociales.

En la causa quedaron imputados la médica Delfina “Fini” Lanusse —residente de tercer año en el Hospital Italiano— y el anestesiólogo Hernán Boveri. Ambos fueron desvinculados del hospital, tienen prohibición de salida del país y negaron los cargos ante el fiscal.

Lanusse se transformó en uno de los rostros más visibles del caso por su condición de médica joven y su exposición en redes sociales. Pero el corazón del expediente es su eventual vínculo con el circuito que investiga la Justicia, no su perfil personal.

Por qué sacude a Argentina

El escándalo atraviesa varias capas al mismo tiempo.

La sanitaria: propofol y fentanilo no son sustancias inocuas. Son drogas anestésicas con alto riesgo de depresión respiratoria, apnea y muerte si se administran fuera de condiciones controladas.

La institucional: si efectivamente salieron del Hospital Italiano, eso abre preguntas durísimas sobre control interno y trazabilidad de medicamentos críticos.

La ética: el caso no habla solo de una conducta individual desviada, sino de la posibilidad de que profesionales entrenados para salvar vidas hayan usado su conocimiento para alimentar un circuito clandestino de altísimo riesgo.

Lo que falta probar

Pese al impacto, quedan interrogantes centrales: cuál fue exactamente el rol de cada imputado, si existió una red estable o episodios aislados, cuántas personas participaron y hasta dónde llega la responsabilidad institucional por el faltante.

Lo que ya cambió es el sentido de la historia. La muerte de Alejandro Zalazar dejó de ser un hecho individual para convertirse en la puerta de entrada a una trama mucho más oscura: medicamentos hospitalarios que habrían abandonado el circuito médico para terminar en fiestas privadas, con dos profesionales de la salud en el centro del expediente.


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